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La Coctelera

Categoría: Trabajos literarios

ANA BEATRIZ RASERO ROMÁN. LA DIVA DE LA ORTOGRAFÍA

Posteado por: javier-ochoa-fe el 16 abr En: Trabajos literarios - sin comentarios

Voy a presentarme: soy una letra del alfabeto, una de las últimas, quiero reivindicar mi derecho a estar en determinadas palabras, porque existe una rival que me quita siempre el puesto, y la verdad es que no entiendo por qué los estudiantes nos confunden, si somos totalmente diferentes. Mi rival es alta y barrigona, mientras que yo soy baja y angulosa. Además, el profesor sanciona restando puntos por tener esta confusión. Por tanto, aviso: si no me utilizan en el lugar adecuado, se arriesgan a perder nota en sus exámenes. Firmado "La V"

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MARCOS RODRÍGUEZ MÁRQUEZ. DIME

Posteado por: javier-ochoa-fe el 16 abr En: Trabajos literarios - sin comentarios

Lo escribo, no lo escribo, lo escribo, no lo escribo. Lo escribo, no lo escribo. Lo escribo, no lo escribo, lo escribo, no lo escribo. Jodida margarita.

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JOSÉ ÁNGEL HOLGADO RODRÍGUEZ. MIL MANERAS DE MORIR

Posteado por: javier-ochoa-fe el 16 abr En: Trabajos literarios - sin comentarios

Me clavan un cuchillo, me despellejan, soy descuartizada, desangrada. ¿Por qué, Dios mío, por qué tanto sufrimiento? ¿Cómo puede haber asesinos tan crueles? ¿Por qué, por qué me tocó ser naranja?

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RELATO HIPERBREVE. UNO MENOS

Posteado por: javier-ochoa-fe el 16 abr En: Trabajos literarios - sin comentarios

CARLOS A. MAYA COROBA. 3º E.S.O. C: UNO MENOS

Cuando más llovía y el tráfico era monstruoso, el anciano se dispuso a cruzar la calle. Aquel coche a gran velocidad no vio el semáforo en rojo. Al día siguiente todo sería igual, solo que yo ya no vería nacer a mi nieto.

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LA BOBINA MARAVILLOSA

Posteado por: javier-ochoa-fe el 6 mar En: Trabajos literarios - sin comentarios

 

 

Lorena Delgado Alonso

 

LA BOBINA MARAVILLOSA

 

Érase un vago principito que no quería estudiar. Cierta noche, después de haber

recibido una buena regañina por su pereza, suspiró tristemente, diciendo:

-¡Ay! ¿Cuándo seré mayor para hacer lo que le apetezca?

Y es que a nuestro principito no le apetecía hacer nunca nada, estaba hecho como

quien dice, un vaguete y siempre decía:

-Mañana lo haré.

Y he de aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su mullida cama una

bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz que decía:

-Trátame con cuidado, querido príncipe. Este hilo representa la sucesión de tus

días. Conforme vayan pasando, el hilo se irá soltando. No ignoro que deseas crecer

pronto... Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero ten

mucho cuidado con lo que haces, porque todo aquello que hayas desenrollado no

podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no vuelven.

El príncipe, para cerciorarse, tiró con ímpetu del hilo y se encontró convertido en

un apuesto príncipe al que todas las jóvenes chicas del reino se le insinuaban.

Tiró un poco más y se vio llevando la corona de su padre. ¡Era rey! Sí, todo el reino

era suyo, todo con lo que siempre había soñado ahora le pertenecía a él y a nadie

más que a él.

Con un nuevo tironcito, inquirió:

-Dime, Bobina, ¿cómo serán mi esposa y mis hijos?

En el mismo instante, una bellísima joven, y cuatro niños rubios surgieron a su

lado.

Sin pararse a pensar, su curiosidad se iba apoderando de él siguió soltando más y

más hilo para saber cómo serían sus hijos de mayores: qué estudiarían, con quién

se casarían, cuántos hijos o hijas tendrían...

De pronto se miró al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos

cabellos nevados.

Se asustó de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina.

Desesperadamente, intentó enrollar el hilo del carrete, pero no lo logró.

Entonces recordó las palabras de aquella débil voz:

-Todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días

pasados no vuelven.

¡Los instantes de su vida estaban contados! Entonces la débil vocecilla que ya

conocía, habló así:

-Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos

no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin

molestarte en hacer el trabajo de todos los días. Sufre, pues, tu castigo.

El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin

hacer nada de provecho.

 

 

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